Nota 4 y los fallos de comunicación de Eduardo Tilve

A raíz de la entrada anterior, anunciando la serie de artículos que Simon Fitzgibbon tiene colgado en su blog, me entretuve haciendo la traducción de un párrafo del libro de F.M. Alexander que ha sido traducido por Eduardo Tilve con el nombre de “La Constante Universal de la Vida”. Haz clic en esta nota 4  donde comparo su traducción con la mía porque él, me parece que hace alarde de utilizar menos palabras que Alexander, como si eso fuera algo bueno de por sí. Es gracioso que él peca de casi todo de lo que acusa a Alexander.

Veamos con detalle qué son los fallos de comunicación que comete Alexander según la visión de Eduardo Tilve:

“me da la impresión (de que el Sr.Alexander), al verse enfrentado a varias posibilidades para decir algo, no desechaba ninguna, lo que además de no contribuir a la brevedad, hace que algunos fragmentos parezcan un rompecabezas en que se han hecho encajar el doble de las piezas previstas.”

A mí me da la impresión de que esto suena a autobiografía, ¿recuerdan el párrafo[1] que nos sirvió como sencillo ejemplo?

“…pretender ser tan claro le llevaba, paradójicamente, a cierta oscuridad que ha permitido a algunos devotos llegar a ver en ella la seña de identidad de un texto sagrado”

Me pregunto si él mismo usa frases largas, enrevesadas y obtusas para llegar a ser algún día un texto sagrado. Pero sigue con sus lecciones:

“A este amontonamiento de palabras se suma (…) el uso de fórmulas más o menos complejas para referirse a cosas sencillas”

“(…) era un escritor inexperto (…) así lo da a entender que al principio buscara la ayuda de un profesional para escribir (…) El problema fue que lo despidió enseguida porque según él no expresaba lo que quería”

Alguien que se atreve a criticar de ésta manera debería por lo menos ser capaz de demostrar que él sí que tiene alguna experiencia, o por lo menos habilidad, en la tarea que está haciendo ahora mismo que sería la de traducir del inglés al español. Pero si se cree que tiene un dominio del inglés tan alto como para permitirse la licencia de incluso criticar el estilo de alguien que escribe en su propia lengua materna, al menos debería de aprovechar la ocasión para darnos a todos una lección de cómo escribir en español, que es su lengua materna, y así colaboraría (siguiendo su lógica de argumentación) a difundir mejor la técnica. Ya que según él estos fallos de comunicación han sido un impedimento para que la técnica Alexander no sea tan popular como él querría.

Ahora comienza su segunda crítica que, como Eduardo Tilve dice, «es más delicada porque tiene carácter más personal»:

«(…) Alexander pensaba que todo el mundo era tonto menos él.»

«Cualquier mirada hacia las palabras de Alexander que no sea atenta puede transmitir  la impresión de que criticaba a la gente simplemente por sus ideas y que lo hacía hasta el borde del insulto o un paso más allá.»

«Su procedimiento de comunicación no suponía el empleo de los mejores «medio-a-través-de-los-cuales» para conseguir sus fines de una mayor comprensión y aceptación.»

«(…) se compara poco disimuladamente con Galileo y con Pasteur y (..) más adelante, habla de esa “valiosa cualidad que es la humildad». Cualidad de su carácter que se deja ver también el el uso generoso de la primera persona del singular,»

No voy a contar las veces que Eduardo la usa, pero su persona ha quedado bastante impregnada y sobresaliente en una tarea que normalmente debería de pasar desapercibida, porque como él dice: «(…) sin duda, no sólo ser algo, sino también parecerlo, es importante». Y si no eres algo, por lo menos podrías tratar de parecerlo.

«el número de veces que se cita a sí mismo»

Le encantan los números. Yo diría que se le dan mejor los números que las letras, tal vez por eso le cueste tanto «desentrañar el significado de las expresiones difíciles.»

«y la forma de depurar los elogios recibidos.»

Sigue acusándole de:

«(…) comentarios racistas, que se basara en(…)premisas (..) falsas, no comprobaba sus fuentes (..), ligereza a la hora de informarse de lo que pasaba en el mundo, y muy triste que estableciera conexiones entre aquellas investigaciones y datos sin contrastar u opiniones personales, porque resulta en claro perjuicio de la difusión de su técnica.»

No veo que contarle todo esto a alguien, todas éstas opiniones personales sin contrastar y fuera de contexto, pueda beneficiar en algo a la difusión de la técnica. Salvo que alguien piense que da igual que hablen bien o mal, pero lo importante es que se hable. Pero no voy a quedarme sólo con lo malo veamos entonces lo positivo:

«Lo recalco porque, después de lo que voy a decir (…) tenderán a pasar por alto mi admiración por el trabajo de Alexander y de sus seguidores.»

«(…)vale la pena dedicar tiempo a desentrañar el significado de las expresiones difíciles.»

«Y otra cosa buena: uno de los títulos que consideró posibles para La constante universal de la vida fue «Cambiar el hombre no emancipado mediante una nueva técnica de la vida que requiere pensar en acción y razonar lo desconodido desde lo conocido para cambiar el propio modo de uso». El que dejó al final muestra una elogiable contención.»

Contención que no parece mostrar Eduardo en ningún momento. Para empezar, éste detalle lo sabe porque Jean O. Fischer lo dice curiosamente en la parte que Eduardo no incluye en el «Fragmento de las notas introductorias de J.O. Fischer a la edición 2000» y sin mencionarlo[2].

Yo tampoco he podido contenerme mucho así que para terminar con éste asunto quiero aclarar que el hecho de que él tenga ésta u otras opiniones sobre Alexander o la técnica Alexander y que se crea que tiene un alto dominio del inglés, del castellano y de «cómo decir las cosas», me parece estupendo. No tengo ningún problema con eso, me parece que está en su derecho de tener sus propias opiniones y lo respeto. Pero podría haberse limitado a hacer la traducción y punto. Y si necesitaba o le parece tan importante que la gente sepa sus opiniones las podría haber expresado con toda libertad en su página web o crearse un blog, o publicar un libro con sus opiniones. De hecho si hubiera hecho eso, podríamos estar ahora intercambiando opiniones y sería mucho más divertido y constructivo que lo que estoy haciendo ahora mismo, que es quejarme de que alguien utilice un trabajo minucioso, cauteloso, concienzudo y sumamente valioso que ha hecho otra persona, precisamente el creador de la Técnica Alexander, F.M. Alexander, para verter sus propias opiniones, que éstas opiniones son mal argumentadas y además son para criticar de mala manera al autor del libro que traduce, que elimina una gran parte del trabajo laborioso de J.O. Fischer utilizando, sin hacer referencia, partes que elimina y los presenta como su propia investigación, que no contiene ni bibliografía ni notas de referencias, que su resumen es un subrayado del texto de Alexander sin citarle y sus apuntes son irrelevantes la mayoría, su apartado de terminología no es nada profesional y no duda en hacer publicidad de sí mismo anotando la dirección de su página web. Por cierto página que he visitado y no aparece ni una sóla opinión personal de las que aparecen en el libro. Dice textualmente que hay «quien piensa que no hace falta expresar, por controvertidas, ciertas opiniones sobre Alexander a quien aún no conoce bien su técnica, para no crearle prejuicios, o por motivos comerciales, pero yo creo conveniente hacerlo.» ¡Ah!, ¿sí? ¿y cómo es que en su página no aparece absolutamente ninguna opinion personal? ¿Es que Eduardo es uno de los que piensa que puede crear prejuicios?, ¿o es uno de los que piensa más en los motivos comerciales?. Entonces ¿por qué dice que cree conveniente hacerlo? ¿Es conveniente hacerlo en un libro de otro, el de Alexander, en una extensa introducción? ¿Por qué? Tal vez para que los demás no podamos darle nuestra opinión. Si esa era la intención, lo siento por fastidiar tus planes pero resulta que los demás también tenemos libertad de expresar nuestras opiniones.


[1]«Permítaseme poner un ejemplo sencillo para ilustrarlo: todo el mundo conoce a alguien a quien le duele la espalda y que sabe que es por estar mal sentado todo el día pero que le echa la culpa a que se está haciendo viejo y a que las condiciones de trabajo son malas, que piensa que debería ir al gimnasio y pedir una silla mejor, que se toma pastillas cuando ya no puede más y va a que le hagan masajes y que, en ocasiones, hasta intenta sentarse «bien», aunque no lo consigue durante más de dos minutos. A veces, tiene suerte y el gimnasio, las pastillas o el masaje le funcionan y puede seguir sentándose igual que siempre… hasta la siguiente crisis. Es como querer oler bien a base de perfume y desodorante sin lavarse. Y de la misma manera resuelven sus conflictos las sociedades humanas.»

[2] Simon Fitzgibbon, “Un flaco favor”. 2011.

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