“Sobre la clasificación de la TA”, de Walter Carrington

SOBRE LA CLASIFICACIÓN DE LA TÉCNICA ALEXANDER

WALTER CARRINGTON

Una reafirmación de que la Técnica no es ni medicina, ni cura, ni terapia, ni manipulación sino un método especial de educación para la salud.

El público en general sabe poco sobre la Técnica Alexander. La gente ha oído hablar de ella por encima pero no saben lo que es, por eso no es extraño que la clasifiquen como un tipo de «medicina alternativa», cosa que no es. Por lo tanto, es sumamente importante que todos tengamos una idea clara de dónde estamos en relación con otras disciplinas. La confusión puede llevarnos a un terreno peligroso.

Si alguien acude a un profesor de Técnica Alexander pensando que va a una especie de terapeuta o curandero, seguro que tendrá expectativas que no se cumplan. Y no sólo esto, también puede que culpe al profesor de no hacer lo que él se esperaba y del “fracaso” del “tratamiento”. Estoy seguro que tú, como profesor de Técnica Alexander, no pretendes curar a nadie; pero de todas formas, la gente acudirá a ti confiando en que les vas a curar (sea lo que sea lo que entiendan por «curar»). Luego se decepcionarán si tu les fallas; y si sus síntomas o problemas persisten o incluso empeoran, tú tienes la culpa, la culpa es sólo tuya, y hasta les has hecho daño y todo. Así que te puedes encontrar en una situación bastante difícil. Y todo esto por no tener nadie claro desde el principio la naturaleza y objetivos de nuestro trabajo.

Nuestro trabajo se encuentra dentro del campo de la educación para la salud: no somos terapeutas sino «profesores especializados». Alexander hizo ciertos descubrimientos y observaciones excepcionales sobre la salud y el bienestar del individuo y desarrolló una técnica práctica para llevar a efecto estos hallazgos. En su libro, «La constante universal en la vida», cita una carta firmada por 19 médicos en la que afirman: «Estamos convencidos de que Alexander tiene motivos para sostener que “una manera del uso de sí mismo que sea deficiente, al interferir con el funcionamiento general del organismo, constituye una causa que predispone al trastorno y la enfermedad.” Y que “el diagnóstico de la enfermedad de un paciente tendrá que quedarse incompleto a menos que, al elaborarlo, el médico tenga en cuenta la influencia que tiene el uso sobre el funcionamiento.”» Luego la carta pasa a decir que: «Lamentablemente, los que tienen la responsabilidad de seleccionar el temario a estudiar por los estudiantes de medicina no han investigado todavía este nuevo campo de conocimiento y experiencia que con el trabajo de Alexander se ha abierto, de no ser así, creemos que la formación necesaria para adquirir este conocimiento, ya se habría incluido en el plan de estudios de Medicina.”

Ahora es importante detenerse un momento y considerar qué es lo que se está diciendo realmente. Los médicos no tienen ni conocimiento, ni experiencia de “la influencia del uso sobre el funcionamiento del organismo”. Ésta frase a la mayoría de los médicos no les diría nada, no sabrían de qué está hablando Alexander.

Cuando Alexander se enfrentó a sus propias dificultades y problemas vocales, lo que hizo fue ponerse a intentar localizar la causa. Lo que descubre es que la manera en la que usaba su voz afectaba al funcionamiento de su aparato vocal. Y en concreto que interfería con el funcionamiento de su mecanismo postural cuando iba a hablar, de manera que “acortaba su estatura”, bloqueaba su cuello, tiraba su cabeza hacia atrás y apretaba su garganta. Toda la tensión creada de esta manera forzaba su aparato vocal causando ronquera y finalmente la pérdida de voz. Por lo tanto, él estaba haciendo ciertas cosas, o usándose a sí mismo de tal manera, que le estaban provocando el problema. La observación y reconocimiento de este “hacer incorrecto” fue la clave para la solución. Alexander no era más capaz de diagnosticar que lo médicos a los que había consultado, sino que ellos no hicieron esta observación crucial porque no eran conscientes de que, efectivamente, el uso de uno mismo afecta al funcionamiento del propio organismo.

Los profesores de Técnica Alexander no tienen una formación médica adecuada para diagnosticar, sino que entrenan la observación, en particular, la observación de esta influencia del uso sobre el funcionamiento del organismo y especialmente en el funcionamiento del mecanismo postural y el respiratorio. Pueden decir cuándo alguien está «acortándose» o «alargándose en estatura», y ayudar a cambiar las reacciones habituales asociadas. Cuando están trabajando con alguien, pueden probablemente ver inmediatamente la naturaleza del mal uso, sin embargo es más difícil estar seguro de las consecuencias concretas de ese mal uso. Suele ser difícil apuntar y decir: «esto se debe a que usted se está usando mal de tal manera que perjudica a este sitio en particular  causándole dolor u otros síntomas». El mismo Alexander tuvo una enorme cantidad de experiencias y observaciones sobre las que sacar conclusiones y por lo general, era muy bueno en esto. Pero, por supuesto esto es sólo un elemento dentro del proceso de diagnosticar. El médico necesita un conocimiento extenso de la patología, de la naturaleza de la enfermedad en todos sus diferentes aspectos y manifestaciones. Y tiene que tener muchos factores en cuenta para llegar a un cuadro global de causa y efecto. No obstante, el uso es una parte muy importante de ese cuadro.

Sin embargo, porque ésta sea nuestra especialidad y tengamos algún conocimiento y experiencia de la influencia del uso, no deberíamos creer que seamos más aptos que los médicos para decir lo que le pasa a alguien. El hecho es que nosotros tenemos algo que ofrecer, algo que compartir, que debería incluirse en el plan de estudios de Medicina y es muy de desear que, a medida que vaya pasando el tiempo, más y más médicos amplíen su formación y experiencia para incluir lo que Alexander ha descubierto y demostrado. Eso es para lo que estamos trabajando, de ninguna manera queremos establecernos como terapeutas alternativos o curanderos. Tenemos un trabajo muy preciso que hacer al enseñar la Técnica. No es una tarea fácil; es altamente especializado y por eso es por lo que nos formamos como profesores expertos.

La mayoría de la gente necesita los servicios de un profesor especialista en Técnica Alexander, porque sería poco realista suponer que un médico de familia se pusiera a impartir lecciones de Técnica Alexander. No tiene tiempo y además tiene otras cosas en que ocuparse.

Hoy en día se habla tanto de medicina alternativa que da la impresión de que hay muchas maneras diferentes en las que se puede tratar y curar, y además, que el terapeuta alternativo sabe mucho más sobre el proceso de la vida que los médicos, de modo que uno no necesita un médico sino seguir el camino de esto, de lo otro o de lo de más allá.

Nosotros como profesores de Técnica Alexander no nos haríamos ningún favor si nos dejáramos clasificar como terapeutas o curanderos y sin dejar bien claro que no somos nada de eso.

Esto nos lleva a volver a considerar «la influencia del uso de uno mismo sobre el funcionamiento del organismo» y qué significa en la práctica. Alexander al  aplicar su técnica modificó su enfermedad vocal. Él demostró que si puedes cambiar el uso, puedes cambiar su influencia, y por lo tanto puedes mejorar el funcionamiento del organismo. Si puedes mejorar el funcionamiento del organismo, pueden darse todo tipo de resultados extraordinarios. Entonces, después de todo, no se podría decir que «si este método no es una terapia, ¿qué es una terapia?».  La diferencia esencial radica en los medios que se empleen, si el enfoque es directo o indirecto, o si el método es de «end-gaining» o no.

Por ejemplo, en caso de tener la tensión alta, se puede administrar una pastilla que ha sido testada en el laboratorio y que producirá el efecto deseado de bajar la tensión. Imaginen que tenemos a un alumno así y aunque no le hayamos medido la tensión, él o su doctor nos dicen que es alta. Le enseñamos al alumno a cambiar el uso de sí mismo y al hacerlo se influye a el funcionamiento de la circulación sanguínea con el resultado de que la tensión se baja (o si era demasiado baja, se sube). Nosotros no nos hemos propuesto  hacer algo con la tensión, sino que los cambios realmentese producen. Trabajamos de manera indirecta y los resultados llegan indirectamente. Asimismo,  respecto a las técnicas de manipulación como por ejemplo osteopatía, la lesión se diagnostica y luego la manipulación se encarga de tratarla, con una medida directa y específica diseñada para provocar un resultado específico. Sin embargo, cuando nosotros trabajamos con un alumno examinamos  su manera de usarse a sí mismo y el funcionamiento general de sus mecanismos posturales; entonces puede que nos fijemos en que tienen algún torcimiento o deformación muy obvia, que la columna no parece estar alineada, pero manipular o intentar tratarlo de manera directa no es nuestro asunto. Nuestra tarea es cambiar la manera de uso de la persona en cuestión: que tiendan naturalmente a “alargarse” en estatura, en lugar de “acortarse”. Y como consecuencia de esto, un torcimiento o una deformación pueda, y probablemente lo hará con tiempo, corregirse a sí misma. Si no, tendríamos que reconocer que éste es un problema fuera del alcance de nuestro trabajo.

Por supuesto es verdad que usamos nuestras manos cuando enseñamos, y en el más sentido literal de la palabra “manipulamos”, aun así no debemos ser clasificados como profesionales de una “técnica de manipulación”. Nuestro propósito al usar las manos es, en primer lugar para sentir qué está pasando en el alumno, ayudar a nuestra observación sobre la manera en que se usan y para saber si están ligeros o pesados, bloqueados o libres, si tienden a alargarse o a acortarse en estatura. En segundo lugar, usamos las manos para trasmitir las experiencias sensoriales, dar las direcciones necesarias y para mostrar y explicar el significado de las palabras que usamos al enseñar.

Por eso, como hemos argumentado antes, se cometería un grave error si nuestro trabajo se clasificara como un tipo de terapia alternativa o técnica de manipulación. Se debería de ver, más bien, como un método de educación. Un proceso que implica la re-educación tanto física como mental; y en la que su objetivo final es la aplicación de una técnica práctica de auto ayuda: y esto sin duda marca un nuevo giro en el campo de la educación física.

Walter Carrington se formó con F.M. Alexander y se graduó en1939. Comenzó a formar a profesores bajo la supervisión de Alexander en 1946 y ha continuado haciéndolo en el «Constructive Teaching Centre», en Londres, donde es el director.

 

Reimpresión de «The Alexander Journal» nº. 10, diciembre 1989.

Copyright © Walter Carrington.

 

Traducido por María Simarro.

 

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