Dos procedimientos fundamentales

F.M. Alexander en su libro “La constante universal en la vida” dice:

«Obviamente, en todo «hacer» hay una noción de qué y cómo se tiene que hacer. Ya sea que reaccionemos a esta noción dando consentimiento a hacer el acto, o ya sea negando ese consentimiento, la naturaleza de nuestra reacción está determinada por nuestra manera habitual de usarnos a nosotros mismos donde dependemos de la sensación para guiarnos.

 Todo el mundo sabe que personas distintas sacarán de la misma palabra dicha o escrita, y del mismo gesto, concepciones diferentes, demostrando que la concepción depende de la naturaleza de las impresiones cogidas a través de los mecanismos sensoriales que controlan el funcionamiento de las células (receptoras y conductoras) de los ojos, oídos, etc. Igualmente, la concepción de lo que sucede en nuestro interior depende de impresiones que nos llegan a través de las sensaciones (apreciación sensorial) sobre las que dependemos para guiarnos al realizar nuestras actividades diarias. Cuando nuestra apreciación sensorial es engañosa, como hoy en día es el caso de más o menos todo el mundo, las impresiones que captamos a través de ésta son también engañosas. El  alcance de éste engaño depende en gran medida del grado en que haya afectado para mal a nuestro modo de uso, y la naturaleza y grado de la guía defectuosa de sensaciones engañosas. Cuando se ha alcanzado cierto grado de mal uso, el carácter engañoso de estas impresiones alcanza un punto donde ellas pueden hacernos creer que ESTAMOS HACIENDO ALGO CON UNA PARTE DE NUESTRO CUERPO, CUANDO EN REALIDAD SE NOS PUEDE DEMOSTRAR QUE ESTAMOS HACIENDO ALGO TOTALMENTE DISTINTO. Esto es igualmente cierto sobre cosas que creemos que pensamos, cuando en la mayoría de las veces son cosas que sentimos.

Así que nos encontramos aquí con un círculo vicioso. En cuanto tenemos una concepción de hacer algo, reaccionamos según nuestro mal uso habitual de nosotros mismos, el funcionamiento de una parte u otra está así dañado y  como el organismo funciona como un todo, esto significa que todas las partes serán más o menos afectadas.

 (…) Mientras que al «hacer» continuemos reaccionando según nuestro hábito de uso que nos es familiar, nosotros, con nuestro propio hacer, cambiar de uso y reacción hacemos que sea una tarea imposible. Por lo tanto, mis experiencias, me convencieron de que en cualquier intento de controlar la reacción habitual se impone la necesidad de trabajar  para  un  nuevo principio, el principio, concretamente, de inhibir nuestro habitual deseo de ir directamente a por nuestro objetivo confiando en las sensaciones para que nos guíen, y luego, de emplear solo esos «medios-por-los-cuales»  que producen indirectamente el cambio que deseamos en nuestra reacción habitual: el objetivo.

La tarea de entender y seleccionar el medio efectivo para provocar un cambio psico-físico según este nuevo principio no es fácil, pero la verdadera tarea comienza cuando empezamos a poner en práctica los procedimientos que hemos marcado, pues esto, como Dewey lo expresó, presupone una «revolución en pensamiento y en acción». Significa que en cuanto recibimos un estímulo dado para llevar a cabo un acto, el cual hemos decidido que es necesario para cambiar nuestra reacción habitual, EL CONSENTIMIENTO PARA LLEVAR A CABO EL ACTO DEBE SER NEGADO, NO DADO, para poder controlar nuestra reacción habitual, y que no se proyecten los mensajes de siempre al nervio motory los mecanismos musculares que determinan la manera de emplear el control primario de nuestro uso en nuestras reacciones habituales. Esto nos despeja el camino para que proyectemos nuevos mensajes que con tiempo se asociarán a un uso de los mecanismos en actividad nuevo y desconocido, de ese modo provocará un cambio en el empleo de un control primario, y así, indirectamente cambiará la manera de nuestra reacción habitual.

Aquí tenemos dos procedimientos fundamentales para nuestra nueva técnica, los cuales, si se repiten con constancia, harán que:

  1. los medios habituales por los que hemos activado nuestras viejas reacciones caigan en desuso, y
  2. nos permitirá emplear nuevos medios por los cuales podamos activar la nueva y deseada reacción.

Esta nueva reacción con tiempo  se implantará en el sitio de la antigua reacción habitual, para formar parte de nosotros igualmente y por lo tanto la sentiremos como correcta.»[1]

Traducido por María Simarro.


[1]F. Matthias Alexander, The Universal Constant in Living . Ed. Mouritz (2000), pp. 24 y ss.